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Pedro Sánchez

Camino de la esperanza

Escrito por informaValencia1 01-03-2016 en LO QUE HAY. Comentarios (0)

Jose Segura / LO QUE HAY

Hoy es el día. Empieza la sesión de investidura con toda la certidumbre de que esta no verá la luz. Pero da igual, porque necesariamente el nuevo espectro político del Congreso de los Diputados obligará, sin duda, a debatir y dejar claras las posiciones de cada uno. Esas que hasta ahora han permanecido medio escondidas.

Acabará este período con o sin gobierno. Veremos o no nuevas maniobras de los que hasta ahora se han pasado por exceso o por defecto. Tendremos que acudir o no a unas nuevas elecciones generales. En el fondo, da igual. Porque lo importante es que todos, ciudadanos y políticos, adquiramos experiencia en este ensayo general con todo, ante esta nueva obra en la que comparten tablas viejos y nuevos actores.

Lo que empieza hoy tiene todas las posibilidades de resultar una conversación entre sordos, en la que cada parte –sin escuchar a la otra- llevará ya preparado y escrito lo que va a decir, tanto a favor como en contra del candidato.

Seremos espectadores del discurso de una social-democracia descafeinada que se conforma con mejorar algo lo ocurrido en la legislatura anterior. Le apoyará, más o menos, una nueva derecha liberal –aún por enseñar su verdadero rostro- que insistirá en que esas ligeras mejoras se deben fundamentalmente a su insistencia en el pacto firmado para lucirlo hoy.

También tendremos ocasión de escuchar a una derecha, pasada de moda y agrietada por tanto alto cargo acusado de corrupción, que defenderá a capa y espada sus logros macroeconómicos, pudiendo incluso alardear de mejoras sociales que serán abucheadas por falaces desde la parte izquierda de la bancada.

Y asistiremos expectantes al espectáculo que promete la nueva izquierda, la llamada radical, que reniega de sí misma autocalificándose de transversal y de abajo. Les escucharemos las críticas más feroces, las bravatas más hirientes y las propuestas más peligrosas por su ansia de obtener el poder en todo y a costa de lo que sea.

Acabarán los discursos con las parrafadas de los otros izquierdistas –los del declive- de los nacionalistas, independentistas, pequeños partidos siempre en venta y algún que otro representante del enorme cajón de sastre en que se ha convertido el grupo mixto. Se oirán de estas comparsas las frases más vehementes y seremos testigos de algún que otro recurso efectista, pues necesitan toda la visibilidad posible ante su relativa insignificancia mediática.

Y así llegaremos al viernes. Ganará el no y se quedará el candidato para vestir santos. Al menos por ahora. Empezarán entonces dos meses de conversaciones sin luz ni taquígrafos, aunque con mucho ruido partidista. Y si no hay arreglo, esperaremos hasta finales de junio para votar de nuevo. Mientras, el gobierno conservador seguirá en funciones y haciendo alguna que otra trastada, como tiene por costumbre.

Este es el guion más probable de la investidura que empieza hoy. Un gigantesco canto a la nada, pero que no debe frustrarnos. Todo lo contrario. Escuchemos, leamos entre líneas, aprendamos a plantear una nueva convivencia y, lo más importante, pensemos de nuevo nuestro voto para resultar más eficaces la próxima vez. Esa es la verdadera esperanza, la nueva meta, cuyo camino empieza hoy.

Twitter: @jsegurasuarez


Nadie se entiende con nadie

Escrito por informaValencia1 29-02-2016 en OPINIÓN. Comentarios (0)

Enrqiue Arias Vega / A CONTRACORRIENTE

Al día siguiente de las últimas elecciones, los partidos dijeron al unísono frases de este tenor: “Los resultados muestran la pluralidad de nuestra sociedad”, “los electores nos acaban de pedir a los políticos que dialoguemos unos con otros”, “lo que los ciudadanos quieren es que nos entendamos”, “es la hora de los pactos y no la de las exclusiones”, etcétera, etcétera.

Pues bien: están haciendo justamente lo contrario.

Pedro Sánchez no quiere ni hablar con Mariano Rajoy, quien hasta le negó la mano cuando no les quedó más remedio que verse. Podemos rompe con el PSOE en cuanto éste pacta con Ciudadanos. Los de Albert Rivera, aun siendo los más dialogantes, también exhiben sus líneas rojas, que es como ahora se denomina a la intolerancia. Unos y otros, más que de establecer acuerdos, mirando hacia adelante, hablan de cómo excluir a los demás, llámense PP, Podemos o Rita la cantaora (y no me refiero precisamente a la Barberá).

O sea, que los españoles han pedido a los políticos moderación, diálogo y consenso, según reconocen todos ellos, y nuestros presuntos representantes se lo pasan por el arco de triunfo.

En otros países ese diálogo, esos pactos y esos acuerdos se dan por descontados; pertenecen al ADN de los políticos. En Alemania, el Partido Liberal ha apoyado alternativamente a democristianos y a socialistas para poder configurar gobiernos estables, sin necesidad de alinearse siempre con uno de ellos frente al otro. Es lo mismo que han hecho en Gran Bretaña los socialdemócratas, pactando ora con los conservadores, ora con los laboristas.  Y, eso, aun sabiendo el coste electoral que iba a suponerles a ambos esa ingrata tarea de intermediación.

Aquí, al parecer, las cosas no van por ese lado y todos parecen anteponer los intereses partidistas a los de los ciudadanos que dicen representar y defender.

Como eso siga así, podemos seguir sin Gobierno para rato. En esa circunstancia, habría que confiar en el fallecido periodista italiano Indro Montanelli, acostumbrado a la ingobernabilidad de su país a finales del siglo pasado: “Cuando a Italia le va mejor es tras la caída de un Gobierno y antes de que otro lo sustituya”, decía.

Pues sí: visto el enconamiento de unos y otros, el que se prolongase aquí la presente interinidad quizás fuese lo mejor que nos podría suceder a los sufridos ciudadanos españoles.

@EnriqueAriasVeg

Los diálogos morrocotudos entre don Juan Pedronio y doña Pablés

Escrito por informaValencia1 19-02-2016 en Actualidad. Comentarios (0)

Crónica política de actualidad


Pedro Hermosilla


-No es verdad Pablo de amor…que en esta…

-Déjate, Pedro, de idioteces, que el “tiempo es oro” y cuesta.

-Perdona, Pablo, es que no estoy acostumbrado…

-Te pasa como a mí: estás poco placeado.

-Vayamos al grano, ¿qué es lo que pides por hacerme presidente?

-La televisión, el CNI, interior, exterior y los jueces…

-¡Carajo con las peticiones!

-Si quieres llegar a Moncloa, aquí mandan mis coj…nes.

-Calma, analicemos la situación…paciencia.

-Además hay otra cosa que quiero: la vicepresidencia.

-Pablete, te has “pasao” tres pueblos, me pides mogollón.

- Pues que sepas que además… hay otra cosa que me hace mucha ilusión.

-¿Además de vicepresidente, qué leches quieres más ser?

- Arzobispo de León.

-Pero…¿tú no eras ateo?

-Era…pero ahora creo.

-Pablo, aunque yo te amo, me estás exigiendo demasiado, creo que paso de ti…hablaré con Ciudadanos.

-Pues nada intolerante, casta, váyase usted a la mie…da, esta noche te pongo a bajar de un burro en mi programa: “La Tuerka”.

-Ya está dicho todo, adiós.

-Muy buenas.


@pherza71

El discurso del miedo

Escrito por informaValencia1 11-02-2016 en OPINIÓN. Comentarios (0)

Jose Segura/FILOSOFÍA IMPURA


También podría haber titulado hoy como “Los extremos se tocan”, pero prefiero dejar la cosa como está. Estos días, en los que sigue y sigue la incertidumbre sobre la formación de gobierno, hay quien esgrime el miedo sin pudor alguno, pretendiendo que suenen las trompetas del Apocalipsis para acogotar a los ciudadanos más medrosos.

Así, varios ministros del gobierno en funciones, con Mariano Rajoy al frente, están centrando su discurso en los ineludibles desastres que acaecerían en España si el PSOE y Podemos consiguieran un acuerdo de investidura para Pedro Sánchez.

Vaticinios como la ruina económica, la vuelta de ETA, el abandono de la coalición internacional o la huida de los inversores salen de la boca de unos responsables políticos que cuando gobernaron dejaron a nuestro país hecho unos zorros. No parece de recibo que esos mismos ministros del PP, que han jugado durante los últimos cuatro años con la miseria de millones de españoles, tengan ahora la caradura de avisarnos de las debacles que podrían ocurrir si gobernara la izquierda.

Pero mientras arrecian sus maldiciones, que en su día fueron incluso apoyadas por algunos miembros de la Comisión Europea, otras organizaciones sociales y económicas –como los sindicatos o la patronal- han moderado su discurso y llegado al acuerdo de mantener la trayectoria alcista del país, aunque La Moncloa se vea ocupada por sulfurosos diablos con cuernos y rabo.

Y es que, en la práctica, a nadie le interesa que un nuevo gobierno de izquierdas ocasione el pánico entre la ciudadanía –cosa que en su mayoría sería impensable- o castre las intenciones de negocio de los inversores interiores y exteriores.

Otra cosa bien distinta es que también cause miedo la bisoñez política demostrada hasta ahora por algunos miembros de Podemos que ya han tocado poder, por ejemplo en los ayuntamientos, ocasionando desmadres de muy difícil justificación que solo se explican con la inexperiencia política y el ansia desmedida de cambio de quien todavía luce el pelo de la dehesa universitaria.

Pero al igual que la juventud es la única enfermedad que se cura con el tiempo, también la inexperiencia se combate con el ensayo continuado del acierto-error. Todo se tranquiliza con el tiempo. Hasta la torpeza. Porque inteligencia hay de sobra para aprender a gobernar con mesura un país bastante más maduro de lo que muchos creen.

En filosofía, impura una vez más, el miedo es diferenciado de la angustia por Heidegger, que define el miedo como una reacción objetiva, mientras se refiere a la angustia como un hecho existencial provocado por nuestras propias neuras. Como un temor indefinido creado en nuestra mente ante cualquier incertidumbre que llegue realmente a preocuparnos.

Y eso, la angustia, que no el miedo, es lo que está manejando brutalmente el PP y sus voceros, con sus continuados intentos de provocarnos el pánico ante nuestra existencia en el futuro más inmediato. Una táctica que no tiene perdón, tanto por su maldad como por su fascistoide empleo ante la ciudadanía con tal de no perder el poder.

Lo otro, el miedo a las meteduras de pata de los cargos electos de Podemos o a las bravatas de Pablo Iglesias sí tiene arreglo. Ya se encargarán los propios y tozudos hechos de modelar unas maneras que antes o después nos permitirán convivir tranquilamente.



Twitter @jsegurasuarez

Pedro y Pablo

Escrito por informaValencia1 04-02-2016 en OPINIÓN. Comentarios (0)

Jose Segura/FILOSOFÍA IMPURA

 
Con este título, conviene avisar de entrada que hoy no escribiré sobre los santos, ni tampoco sobre el dúo argentino de canción protesta con el mismo nombre. Me refiero a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias, en cuyas manos se encuentra actualmente el destino de nuestro país y de cuyo entendimiento o no conseguiremos, ojala, tener gobierno. Más concretamente, me apetece hoy fijarme en sus discursos.

Pedro, como secretario general del PSOE y candidato propuesto por Felipe VI para que intente la formación de gobierno, hizo un discurso de salida –minutos después de oficializarse su nueva responsabilidad- que demuestra una mentalidad estratégica y comunicativa de primer orden. Lo escribiera él o se lo hicieran otros de su equipo, el discurso tuvo una estructura modélica, en la que cada asunto se iba desgranando, uno tras otro, con la lograda intención de ayudarnos a procesar tanto su mensaje como sus intenciones. Y digo esto sin entrar en las cuestiones ideológicas que cada uno habrá entendido en función de sus circunstancias.

Esa estructura discursiva utilizada por Pedro Sánchez, fue detallada además con un tono a la vez pausado y contundente, con la clara intención de aparecer como pacificador y como personaje capaz para iniciar la misión de conseguir la investidura. Utilizó además la empatía como el valor comunicativo que se espera de una persona que podría ser el próximo presidente del gobierno. Consiguió así –me consta de manera más o menos significativa- que muchos simpatizantes de cualquier organización de izquierda respiraran aliviados y con un cierto punto de ilusión. Insisto en que mis opiniones de hoy en nada tienen que ver con la ideología socialdemócrata descafeinada que representa el candidato.

Por el contrario –y también me consta en mis conversaciones con militantes o simpatizantes de Podemos- Pablo Iglesias está entrando con sus discursos en el bucle del coñazo. Larguísimos, con ataques constantes y mantras repetidos hasta la saciedad, utilizando un lenguaje de pelea en los momentos menos apropiados, con un tono desabrido y de permanente cabreo, provocando que este nuevo Lerroux se nos aparezca cada vez más jugando el papel del perro del hortelano. Intenciones poco claras, barreras constantes, bravatas, insultos y demasiados vaivenes en los ejes fundamentales de su discurso político, están llevando a Pablo Iglesias al terreno de la antipatía y del hartazgo, por lo que hace un flaco favor a unas bases, que en sus razones e ilusiones totalmente legítimas, respetables y perfectamente asumibles en su mayoría, van discrepando crecientemente de la puesta en escena discursiva y de los modos de su líder.

De hecho, no se acaba de comprender que un especialista en ciencia política y máster en comunicación del mismo ramo, además de presentador y tertuliano experimentado en el medio televisivo, no sea todavía capaz de dominar sus impulsos ni de estructurar convenientemente sus discursos con la secuencia lógica y la capacidad de síntesis necesarias para su rápido y asumible procesamiento mental por quien le escucha. Pablo Iglesias todavía no sabe decir una sola cosa a la vez, regla de oro en toda propuesta. Dejo de nuevo claro, que en este análisis sobre los discursos de Pablo Iglesias, tampoco entro para nada en sus contenidos políticos que comparto en buena medida, como en todos aquellos casos provenientes de la izquierda.

Hace ya muchos siglos que la filosofía, impura también en esta ocasión por aplicarla a la política –tantas veces bastarda-, ha tratado con profusión el discurso, que debe tener un espíritu retórico y dialéctico; utilizar la analogía pero también la metáfora siempre que sea necesario expresar ideas o nociones difícilmente expresables por conceptos unívocos. Por otro lado, la filosofía reconcilia el discurso con los principios de la lógica y los resultados de la ciencia, con la intención de que no resulte vacio y sin contenido, situado además en un horizonte espacio-tiempo escasamente asumible. Cuestiones fundamentales –que no son nada del otro mundo- para que el discurso sea comprendido y dado por bueno. (Doy en esta ocasión las gracias al Rincón del Vago, del que reconozco haber sacado las notas que sustentan mi presunción de hoy)

En resumen, creo que sí es absolutamente necesario despertar nuestra conciencia ciudadana, ilusionarnos de nuevo ante una legislatura que equilibre convenientemente el país y recuperar nuestra estima como españoles sin avergonzarnos de nuestro origen. Aunque, sobre todo, que Pedro y Pablo presten de una vez y en paz los servicios que nuestra sociedad reclama con urgencia.



Twitter @jsegurasuarez