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Tendencias/Regalo

Antecedentes del Carnaval: Las Antesterias

Escrito por informaValencia1 05-02-2016 en Tendencias/Regalo. Comentarios (0)

Adela Ferrer/Astróloga

A mediados de febrero, "casualmente" cuando el Sol entra en el signo de Piscis, se celebraba el mundo greco-romano, un sobrecogedor festival en honor a Dioniso: Las “Antesterias”, palabra que significa “El festival de la Flor”.

Estas fiestas previas a la primavera, que coincidían con la floración de los almendros, tenían desde antiguo mucha relación con el culto a los muertos y con las flores, que surgían tanto los unos como las otras, de abajo, de la tierra, y en eas fiestas, las mujeres –dueñas de la fertilidad- ocupaban un primer plano, tal como el cortejo femenino (las bacantes) que acompañaba siempre a Dioniso (Baco), dios cuyo arquetipo coincide, "casualmente" con el del signo de Piscis.

Acompañado por sátiros enmascarados, Dioniso (o Baco, el dios del vino) procesionaba por las calles acompañado de un cortejo de gente disfrazada de muertos vivientes, de almas del inframundo: organizaban un tremendo escándalo con la discordante música de flautas, chirimías y tamboriles, acompañados por los gritos que jóvenes, evidentemente ebrios, subidos en carros, iban profiriendo.

También desfilaban grupos de gente disfrazada y todos iban avanzando al son de la música con pasos de baile. Semejante cortejo causaba maravilla a la par que terror a los espectadores.

A lo largo de tres días, se rendía culto a las flores que tras el invierno surgen de debajo de la tierra, del lugar de “abajo” del “infernus” (el mundo inferior donde viven los difuntos). Se abrían ritualmente grandes jarras de vino, se evocaba la salida colectiva de los muertos del mundo subterráneo, precisamente a través del vino, elemento asociado a Baco como ningún otro, que servía de canal o paso directo entre los muertos y el mundo de los vivos.

Se hacía una ceremonia de mezcla de vinos protagonizada por catorce mujeres (número referido a la mitad del ciclo lunar) ante una máscara de Baco. Dicho vino se derramaba sobre la tierra para que las almas de los muertos trepasen a beber y salieran así a la superficie, de este modo se rendía también tributo a la diosa Tierra.

Se ofrecía vino por primera vez a los niños de más de cuatro años para integrarlos en la vida cívica según la ley de Dioniso: la del misterio, la ambigüedad, la subversión y el frenesí.

Las muchachas jóvenes protagonizan el ritual de los columpios: mientras se columpiaban entonaban canciones obscenas, una forma peculiar de iniciación de las niñas al mundo de la sexualidad, un ritual sumamente ambiguo que relacionaba sexo y muerte, ya que en la mitología de Dionisos unas mujeres bacantes se ahorcaron desesperadas de amor.

Durante esos tres días los rituales se sucedían, se repetían y se volvían a representar, repitiendo una y otra vez el tema central: la llegada de Dioniso y del mundo subterráneo a la superficie de la tierra, al mundo de los vivos.

La cuchara, ni más ni menos

Escrito por informaValencia1 02-02-2016 en Tendencias/Regalo. Comentarios (0)

Los platos de cuchara mantienen su mácula popular. Gastronomía sin paliativos, contundente, que irrumpe agrandada al caer las temperaturas


Tino Carranava/Gastroinforma

Si hay un territorio culinario donde la pulsión gustativa popular está más presente, este es la cocina de cuchara. Gastronomía sin paliativos, contundente, que irrumpe agrandada durante la consolidación del invierno apenas bajan las temperaturas.

El rosario de platos de cuchara que salpica la gastronomía autóctona nos sitúa ante un escenario de enorme pluralismo: fabadas, potajes, guisos, cocidos, irrumpen con fuerza y aseguran la gobernabilidad culinaria durante el invierno, ya que una alianza de legumbres consigue la mayoría absoluta en el parlamento culinario.

La cuchara mantiene su mácula popular. Hay una nueva corriente de gastrónomos que practican el culto a la legumbre, sin cuestionar otras cocinas. Sañudos enemigos del "fast food" costumbrista, pretenden doblegar el enigmático designio de otras cocinas importadas.

La persistencia del pasado es una de sus bendiciones. Nos acercamos a su encuentro, participamos en una vertical de potajes y guisos, protagonizada por un póker de clásicos, donde alubias pintas, fabes, garbanzos y pote gallego interpretan sus mejores versiones bajo la batuta afectiva de cocineros anónimos.

Inolvidados platos, nos debatimos en acentuada admiración entre comentarios entusiastas. De la jornada no sabemos más que el prestigio que asoma por las costuras del currículo de las legumbres empleadas y del discurso culinario. Nos basta.

Los miembros del sanedrín de la cuchara apoyan la investidura gustativa de todos los potajes y guisos presentados siempre que se respeten las líneas rojas de las clásicas recetas. Otros comensales se abstienen pero invocan el necesario desgrasado de estos platos para favorecer la frecuencia del consumo. Desde el fondo una conciencia cómplice argumenta con voz firme que de las digestiones pesadas también se sale.

Nos enfrentamos a un bárbaro desafío. Seremos capaces de superarlo. La jornada alcanza su punto de ebullición confirmando los pronósticos más optimistas. En la ruidosa cacofonía de potajes y guisos resulta difícil hacerse una idea del posicionamiento de unas y otras legumbres. La jornada no ha sido aún consumada y es necesario un último esfuerzo de pedagogía.

Durante la sobremesa estalla un conflicto de índole trascendente. Se debate qué legumbre es más verdadera que las otras. Las distintas sensibilidades culinarias no dejan sitio para la verdad, ni siquiera para la duda gustativa que suele encontrar un lugar para todo.

Desde el extremo de la mesa afirman con rotundidad que en el nombre de la cuchara se ha permitido y justificado todo tipo de sucedáneos desafortunados y potajes fallidos. Lo peor, lo más horrendo su despersonalización. La cuchara reclama un puesto en primera fila de la gastronomía invernal.

La emblemática cocina vive al margen de modas y tendencias. Permanece instalada en la memoria como potencia icónica de una plástica familiar protagonizada por madres y abuelas.

La cuchara ya no es un cubierto subordinado, vive de forma omnipresente en la gastronomía popular. Su liderazgo se funda en la fórmula 4C: cocción lenta, confianza gustativa, credibilidad del producto y costumbre arraigada.

Al final todos juramos lealtad a la cuchara. Todo en nombre del bien común culinario. Nuestro sentido de la historia gastronómica, nuestra confianza en sus posibilidades, donde se refugian todos los recuerdos, para recuperar el orden gastrónomo del que somos herederos directos.

Frente a las gastronomías invasoras y gustativamente genocidas, frente a las costumbres despersonalizantes y emasculadoras, frente al "fast food" que deprime y depreda, frente a cocinas falsamente eclécticas que manipulan y atan, el comensal sigue despertándose por el gusto a los platos de cuchara. El aval y el tirón que aún mantiene esquivan el desafecto que hoy despiertan entre algunos amantes de otras gastronomías importadas.

Socia preferente de la cocina popular, encajonada entre legumbres y carnes, con aroma de leyenda. Nunca tiene empacho en reconocer su sumisión al caldo. Los comensales metabolizamos platos con doble alma. Resplandece un gran sentido de unidad y convergencia. Como una cantata gustativa llena de armonía: La cuchara, ni más ni menos.


Corazón de alcachofa

Escrito por informaValencia1 26-01-2016 en Tendencias/Regalo. Comentarios (0)

Hortaliza de culto, familiarizada con la cocina tradicional y vanguardista de igual manera. Llegado enero, su consumo es hegemónico

Tino Carranava/Gastroinforma

Tras el anticiclón gustativo navideño regresa la atención a lo esencial y el rechazo a lo superfluo. Porque la gastronomía también ha de ser sostenible y saludable. El consumo de la alcachofa se percibe como un arte que hay que cultivar.

Los comensales se echan en brazos de su consumo tras observar su mera presencia. La inercia y las tradiciones culinarias son muros que pocos se pueden saltar. La alcachofa vuelve a escena. Siempre presente en la esfera gastronómica invernal, su llegada rompe el silencio culinario.

Hortaliza hacedora de platos con matices, verdura reversible, de extremos carnosos comestibles y corazón deseado. La alcachofa desata el fervorín de proclamas y manifiestos culinarios. Nos empuja hasta la apostasía gustativa mientras hace brillar su rastro con una fosforescencia hostelera general. La recalificación de la alcachofa como hortaliza de lujo no conoce ya límites.

Hortaliza de culto, familiarizada con la cocina tradicional y vanguardista de igual manera. Platos exclusivos y cotidianos. La alcachofa se nos hace cercana. Nuestra verdura obtiene la posteridad, año tras año. Llegado el mes de enero, el corazón de la alcachofa es materia sensible. Su consumo es plenamente hegemónico.

La alcachofa apuesta por un «look» gustativo cómodo y versátil. Verdura comprometida y entregada es el mejor ejemplo de los conceptos de hortaliza elegante y atemporal. La sombra creativa es muy alargada. A estas alturas sabe ganarse el respeto de cocineros y comensales. Aunque como es el caso, mantenga una sinceridad de sabores inflexible que no todo el mundo es capaz de sacárselo. Su consumo «gana...peso» mientras incrementa su poder saludable.

En Benicarló nos acercamos a su figura donde sus jornadas la convierten en icono de la gastronomía invernal.
Corazón de alcachofa

Les proponemos un encuentro el próximo fin de semana para compartir experiencias. El corazón de la alcachofa les dejará boquiabiertos. La fiesta de la alcachofa con nombre propio. Inevitable el «déjà vu», la memoria de ediciones pasadas: las Jornadas del pincho, la multitudinaria «torrà» y las demostraciones gastronómicas. Pura adrenalina. Para no perderse. Desde el corazón de alcachofa, hasta el arroz con... pasando por los solidarios langostinos vecinos, sin olvidar los singulares postres que invitan a la sorpresa.

Convertida en tarjeta postal gustativa idónea para alardear de buen gusto durante la última edición de Fitur. Su sabor suele subyugar a los comensales iniciados. La alcachofa se ha convertido en un «souvenir» turístico fácilmente asimilable.

Gracias a los trabajos de deconstrucción culinaria, sus dos ejes discurren entre el corazón y los extremos carnosos de los tallos. La alcachofa pasa de la generosidad coronaria al detalle de las hojas sin perder, en ningún caso, sus nociones de grandiosidad culinaria.

Asistimos a su coronación con fidelidad atemporal. Hortaliza de ensueño que emerge todos los inviernos. La alcachofa se presta a desatar pasiones.

A incendiar los paladares de miles de admiradores. Una selecta minoría de verduras ha nacido para formar parte de un Olimpo reservado a piezas dignas de los mejores menús. Eterna hortaliza, nominada como costumbre culinaria invetereda.

Sabemos que se avecina una tormenta gustativa cargada de ecos culinarios cuyo centro es Benicarló. La tormenta está cada vez más cerca. El silencio gustativo comienza a ser sustituido por el suave rumor de sabores. Caminamos hacia el reencuentro con nuestra protagonista.

Todas las apuestas se confirman, la alcachofa sube al escenario culinario como hortaliza principal para recoger su galardón anual como verdura intérprete. Demasiado Corazón.

PAN TAN, el pan de centeno

Escrito por informaValencia1 26-01-2016 en Tendencias/Regalo. Comentarios (0)

Tatiana Gautheron

Los beneficios del pan de centeno son muchos, pues al comerlo aumenta el valor de saciedad de las comidas por la cantidad de fibra que contiene. Además es una buena fuente de energía para todas las edades. Si se lo tuesta, se consigue una mejor digestión del almidón.

Porque es bueno comer pan de centeno:

• Es rico en hidratos de carbono.

• El pan de centeno es uno de los alimentos buenos para diabéticos pues reduce la absorción de azúcares simples.

• Muy buena fuente de energía de utilización prolongada.

• Muy recomendado para combatir el estreñimiento pues favorece el tránsito intestinal.

• Beneficia la circulación y flexibiliza los vasos sanguíneos.

• Tiene vitaminas del complejo B, como la tiamina y el ácido fólico.

• Contiene mucha cantidad de fibra, que aumenta el volumen de las deposiciones y ayuda a eliminar las sustancias potencialmente cancerígenas y a prevenir el cáncer de colon.

• El pan de centeno es rico en flúor, ideal para los dientes, uñas y los ojos.

• La gente con niveles altos de colesterol en la sangre deben consumirlo a menudo, debido a que la fibra arrastra parte del colesterol ayudando a eliminarlo.

¿Cuánto pan de centeno comer al día?. Se puede comer al día según sea la tolerancia digestiva a la fibra.

¿Cómo seleccionar el pan de centeno?. Se debe elegir lo más fresco posible.

¿Cómo incluirlo en la dieta?. En desayunos y meriendas, o para la elaboración de algún sándwich.

¿Todos pueden consumir pan de centeno?.  El centeno esta dentro del grupo de cereales que contiene gluten, por lo cual, este alimento debe evitarse en caso de personas celíacas.

PAN TAN de centeno natural a base de masa madre ARTESANO.

con SEMILLAS - semillas y pimienta, semillas y comino…..jengibre ... Semilla de girasol y calabaza…..

Con PASAS - pasas y jengibre, pasas y chocolate, chocolate y jengibre, pasas y comino …. y etc ¡ BUEN PROVECHO!

Pídelo en Facebook Tatiana Gautheron

El ciclo vital y su relación con el simbolismo planetario

Escrito por informaValencia1 26-01-2016 en Tendencias/Regalo. Comentarios (0)

Adela Ferrer/Astróloga

De 0 a 4 años: La Luna gobierna la la lactancia y la época en la que prima la emoción y la relación con la madre.

De 5 a 14 años: Mercurio gobierna el tiempo del colegio, del aprendizaje y de la capacidad de pensar y comunicarse.

De 15 a 24 años: Venus gobierna el desarrollo hormonal, la edad del enamoramiento, del romanticismo y del placer.

De 25 a 43 años: El Sol gobierna la edad de buscar el prestigio y dignidad personal y del gobierno de la propia voluntad.

De 44 a 57 años: Marte gobierna la edad del esfuerzo, del trabajo y del impulso luchador y vocacional.

De 58 a 70 años: Júpiter gobierna la edad de la jovialidad, de la jubilación y del cultivo del propio espíritu.

De 71 a 98 años: Saturno gobierna la ancianidad, la edad de la ralentización del movimiento y de la quietud.

Y, si por ventura se sobrepasa esta edad, se vuelve a la edad de la Luna, a la pura emoción y a la dependencia de un cuidador.