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LIVING LA VIDA MADRE

06.00 AM

Escrito por informaValencia1 02-12-2015 en LIVING LA VIDA MADRE. Comentarios (0)

Noe Martínez/LIVING LA VIDA MADRE - SUGERENCIA MUSICAL, Una noche sin ti, de Burning y Antonio Vega https://www.youtube.com/watch?v=-4ccM8jUIAc

Hay días en los que el acostarte y levantarte están tan próximos en el tiempo, que no sabes si trasnochas o madrugas. Con la conocidísima sensación de tener los párpados revestidos de fibra verde de estropajo, dejas que las lágrimas fluyan a su merced, carita abajo, aunque no por pena (que te sobra al mirar el despertador…), sino de puro agotamiento. Así que, con ganas toreras de apuntalarte las pestañas a las cejas con dos chinchetas, te echas fuera de la cama, te calzas las zapatillas y empiezas el día mucho antes de que el sol inicie jornada. No se ha hecho la maternidad para holgazanas, y tanto que no.

- ¡A mí no me gusta este sabor…!

Desayunar, ese gran conflicto familiar que nos atañe una vez al día, pero que puede ocupar un par de horas. Leche con galletas, una afrenta de padre y muy señor mío.

- Nicolás, sí que te gusta: ayer tomaste exactamente lo mismo… - Dejo caer la cabeza sobre la mesa de la trona, más que nada, porque el cuello pide descanso, como el de los gansos tristes.

- ¿Ah, sí…? – Mi mayor hace un mohín con la boca, arquea las cejas y chasca la lengua – Vaya, pues hoy ya no me gusta este sabor, ¿qué te parece…?

- A mí me parece que como no desayunes, arresto los dibujos de la tele: ¿qué te parece ahora a ti…?

Y como si el bebé entendiese el castellano fluido y se viese jugando a las piecitas, con el televisor apagado, se coge un berrinche del quince, dando gritos de Tarzán . Aaaaah. Aaaaaah. Aaaaaah. Hasta el infinito y más allá.

- Lorenzo, hijo, no hace falta gritar tanto, ¿no ves que aún no es de día, y está todo el mundo en la camita…?

¡Meeec! Todo el mundo menos los niños y mamá, que gozan (¿?) de tanta actividad como Zara en primer día de rebajas. Así, mi mayor enrocado en su no, no, no y mi bebé emulando a Alfredo Kraus, oigo como un vecino sube la persiana con cierta virulencia. Lo sé y no lo sé, pero lo intuyo: lo hemos despertado nosotros. No es para menos, porque que el pequeño encuentre gracia en utilizar los cacharritos de metal de cocina Master Chef Junior de su hermano, para hacer de ellos unos timbales, no ayuda. Pero la culpa no es del bebé, pobrecito mío, sino de los cacharritos y la cocinita, que no digo que no sean un juguete didáctico de imitación no sexista (ahora hay que dar tantas vueltas a lo lógico para no resultar carca, que los eufemismos resultan peores que las propias definiciones). Lo que digo es que cuando alguien quiera agasajar a mis niños, sería maravilloso que pensasen en la convivencia familiar: el metal, el gran enemigo de la contaminación acústica vecinal. Y claro…

CotoclónPunchPunchCotoclónPomTicTonClonChiiiiis…

Y transcribo Chiiiis como nota final porque lo que entonces dio contra el suelo fue la tapa de una rustridera de la famosa cocinita, que dio rienda suelta a su sueño de ser un platillo de batería de orquesta. De lo más bien, oigan. Dos niños full of energy haciendo ruido de tropa napoleónica, una madre a puntito de sucumbir a su propio cansancio y un vecino al que le queda menos de un amén, Jesús, para llamar al lacero para que venga a por mis cachorritos malcriados. Pobre de mí. Pobre de mi vecino.

- Buaaaaaaaaaaaaaaaaaahbuaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah…

Pobre de mi bebé. M*erda. En todo el dedito meñique del pie. Cacharrazo vil. Pupa millón.
Corro hacia él, aún a sabiendas de que el mal ya está hecho y que su diminuta lentejita, ese dedo redondo como una bolita de anís, no había tenido su mejor suerte. La mala costumbre de andar descalzo todo el día no ayuda a la hora de evitar según qué accidentes domésticos, pero ¿qué más puedo hacer salvo ponerle unos squíes, con su bota y su todo, y dejarlo andar a sus anchas con su improvisado forfait? (solución de Perogrullo, I know, pero mirad si no estaré enajenada, que hasta no me parece mala idea de suyo…) Así pues, haciendo uso de la atracción que todo dedo del pie ejerce sobre patas de cama/esquinas de muebles/sillas de cocina/costura de calcetines mal rematada, mi niñito de amor, mi bebé llorón se da a su quehacer favorito (protestar) pero esta vez agravado por un intenso calambre que, a juzgar por cómo sacudía el pie, le atravesaba de lado a lado.

- Sana, sana, culito de rana, si no sana hoy, sanará mañanaaaa…

Le beso la frente, sin dejar de masajearle el desafortunado meñique.

- Pero mamita, no le digas ‘sanará mañana’, que a Lorenzo le duele hoy, hombreeee…

Mi mayor, que pocas cosas hay que lo pongan más nervioso que ver a su hermano quejarse de dolor, quiere tirarse de la trona (¡y zafarse así del desayuno! Lo parí yo y lo conozco como tal).

- Tienes razón, Nicolás, hay canciones que ni escritas por un manco, la verdaaaaad…
BuaaaaahBuaaaaahBuaaaaah. Pero súperBuaaaaah. Los gritos debían estar siendo registrados por los sismógrafos de Becerreá, Lugo.

- ¿Sabes lo que tienes que cantarle al bebé para que deje de dolerle…?

- Ni idea, amor… - El bebé se va calmando, mientras aprovecha para descargar adrenalina mordiéndome hasta dar en hueso, que se ve le está duro y no mola.

- A los bebés cuando les caen juguetes muy fuerte en el pie hay que cantarles la canción de jeychaval…

- Andaaa, ¿Y cuál es esa canción…?

- Es así, mira:

Jeeeeychavaaaal,
Tu culo huele maaaal
El mío naturaaaal
Dile a tu madreeee
Que te cambie el pañaaaal
Oh, yeaaaah…


¿¡Pero…!?

¿¡Cuándo…!?

¿¡Cómo…!?

¿¡Quién…!?

¿¡Con permiso de quién…¡?

No daba crédito: mi mayor estregado a la canción protesta, sacando su lado más punk, y yo sin saber nada de su afición underground. Rompí a reír a todo lo que me daba el diafragma, cosa que animó a Lorenzo a imitar mi júbilo y emoción, mezclando risas y lágrimas a partes iguales. Entre hipío y moco de ‘me duele que te c*gas mi dedito’, se dejaba ir por una carcajada nerviosa, mirando a su hermano con ojos de admiración profunda, como si fuese Bruce Springsteen o algo. El mayor, que necesita más bien poco para ponerse el mundo por montera y venirse arriba, repite en bucle a todo pulmón la canción de marras.

- ¿Te la aprendiste ya, mamita, o te repito..? – Se ríe - ¿Te repito, sí? ¿Te repito?

Repitió tanto y mucho, que el vecino, ya insomne declarado, se lió a mamporros con el tabique que nos unía como sacrosantos adosados que somos. Me importó una chirimoya su mosqueo, porque ver cómo mi mayor se había vuelto trovador autónomo delante de mis narices, sin haberme dado cuenta de que había crecido y podía razonar, argumentar, componer y dar conciertos a su antojo, me tenía muertecita de amor.

Quesonlaseisdelamañanac*joneeeesdealegríaesesaaaaa

El kruner punk y el del dedito amoratado se giraron hacia mí. No sabían de donde venía aquel grito mudo que se había colado en nuestro salón, y suponían que yo sí. Estaban en lo cierto. Lo sabía, ya no había lugar a intuiciones, pero era muy tarde para poner remedio porque, efectivamente eran las seis de la mañana, y en casa había una alegría de c*jones. Lo sé, no es hora para ser feliz, pero cuando la dicha llega, pues llega y no le vamos a cerrar la puerta con cuatro cerrojos, digo yo.

- Mira, ¿tú desayunas o qué…!? – Le doy un beso en la nariz de botón y le acaricio el pelo, haciendo equilibrios para que el bebé continuase bailando con mi pierna.

- Es que yo quiero palomitas o tortilla de chorizooooo… - Finge puchero.

- ¡Claroooo…! – Suspiro – Y yo bañarme en leche de burra…

- ¿Lecheee de burraaaaaa…? – Risotada – ¡Eso no existe!

- Ya lo creo que sí ¿o qué te crees que desayunan los burritos? – Arguyo, contundente.

- Jarabe de cerveza, mamita, ¿o es que no sabes tampoco esa canción…?

Y Nicolás se deja el gaznate en cada nota de la infantil canción, lo que levanta nuevamente la locuacidad de mi vecino. Lo último que me pareció oír, tabique de por medio, fue algo así como ‘me c*go hasta en Pilatos, hay niños de San Ildefonso que no vociferan tanto’. Y claro que los hay, pero está por ver que canten los numeritos de tu décimo. Yo, en cambio, tengo en casa el premio extraordinario del sorteo vital: ¡mis niños de amor! Gritones y madrugadores, sí, pero no hay Gordo de la lotería que no vaya acompañado de explosión y algarabía, ya se sabe…

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Quizás, quizás, quizás...

Escrito por informaValencia1 26-11-2015 en Cultura. Comentarios (0)

Noe Martínez/LIVING LA VIDA MADRE  SUGERENCIA MUSICAL, Quizás, quizás, quizás, versión de Nina Díaz https://www.youtube.com/watch?v=BXscz3EtYA4

Desconozco cuál es el cauce inconsciente que te lleva a comprender a Einstein y su consabida teoría, pero doy fe que es verdad. Sin relatividades, sin paragón, sin comparación o parámetro alguno: todo depende de lo que depende. Porque una cosa es tener clara una conducta familiar, un axioma educacional, y otra, poder ponerlo en práctica siempre, sin tener en cuenta esos otros muchos factores que, a lo largo del día, te recuerdan que donde dije digo, digo Diego…

No es que yo sea una madre calendario, que tampoco hay que exagerar, pero siempre he disfrutado del orden, del concierto, de la monotonía de saber qué voy a hacer incluso cuando no tengo que hacer nada. Peeeeroooo, desde que los niños llegaron al hogar, mis normas se han hecho para que yo sea la primera en adaptarlas (hermoso eufemismo que me evita endilgarme el ‘me las paso por el arco del ya te dije’). Es condición sine qua non lavarse los dientes antes de irse a dormir, ofcors, pero si hay berrinche por fiebre loca, berrinche por estoy muerto de sueño, berrinche por soy el no personificado, mamá se traga su normita, sin verbalizar aquello de…

- Vaaaleee, hoy no nos lavamos los dienteeees…

Vade retro, Satanás. Tararí, que te vi. Porque si lo haces, lo de verbalizar, digo, estás perdida. Es como el asunto este de los documentales de la gacela y el león del Serengueti: no te muevas, si huelen el miedo, ¡te papan…!. Mis niños no son leones, si acaso gatitos con furia, pero cuando se ponen, se ponen. Así que, por mucho que me empeñe en explicarles que con la higiene no se negocia, si dicen no, pues no. Y no. Ya me puedo poner como un erizo, que si es no, pues eso: en boca cerrada no entran moscas. Ni cepillo de dientes, por muy eléctrico y muy de IronMan que sea.

- Quenomelavonomelavoyyastááááá. Nmmmmm

Que no me lavo, no me lavo, y ya está. Nmmmm. Y ahí estoy yo, con el cepillo encendido,  haciendo ruido de cortacésped, a rebosar de pasta de dientes de Bob Esponja, intentando que el mayor abra la boca. Lo intento haciendo alarde y uso de mis dotes de madre dialogante, pero cuando la cosa pinta en bastos, intento hacer cuña con las cerdas en la comisura de los labios, a ver si así… Nada, no hay tu tía. Resistencia numantina.

- ¡Quedijequenoynoynoyno…!

Claramente, supernó, porque a mucho que el cepillo estuviese sacando lustre a los paletos, con la mandíbula cerrada a cal y canto, allí no entraba ni una bala rusa. Suspiro, aclaro el cepillo, en resignado silencio, para desconcierto de mi mayor. Tiene miedo a hablar, porque sabe que si lo hace, puede ser que yo aproveche para atacar con el mortero dental, cargadito de dentífrico. Se parapeta tras la palma de la mano e inquiere:

- ¿¡No me lavoooo…!?

- ¡No! – Paso una tolla seca por su cara.

- ¡Aaah, no! – Abre un hueco por la pared que ha improvisado con sus dedos, tapando la boca.

- ¡No!

- Vale, pues no… - Lo celebra, apretando mandíbula contra mandíbula, disfrutando del look tiburón que ello le confiere en el espejo – ¿¡No me lavo porque tengo no tengo suciedad…!?

- Ya lo creo que tienes: bacterias y caries… - Lo miro, cogiéndole la cara con las manos – Pero si quieres dormir con esa colonia de bichitos en la boca, tú mismo…

- ¿¡Bichitooooos…!? - Mi mayor, que es lo más escrupulosos después del calvo del Mister Proper, echa la lengua y se rasca con el dedo – Que-yo-no-quiero-bichitos-en-la-lenguaaaa-oyeeeee…

- No sabes cuánto los siento, porque hoy duermes así. Mañana, cuando tengas pensado montar tamaño guirigay, te lo piensas…

Higiene bucal 0 – Número de la cabra  previo a acostarse 1

El caso, es que aquella  noche se acostó con la boca con sabor a Dalky de chocolate y nata, y con una nube de pelillos de tejido polar, fruto de de su ahínco en hacer desaparecer las bacterias y las caries frotando con la manga del pijama de Big Hero 6. A oscuras, metidos en la cama, y después de leer por enésima vez la ‘Verdadera historia de Peter Paker, el gran Spiderman’, oí como rozaba la lengua contra el tejido acrílico. Raca, raca, raca, raca. Y vuelta a empezar.

- Nicolás, hijo, para un poco, que te vas a dejar la lengua lisa…

- Ni lisa ni liso, mamita, que tengo bichitos, ¿o es que no sabes que no me lavé los dientes…?

- Lo sé, pero no te los lavaste porque no te dio la gana, te recuerdo… - Le digo, acurrucándolo contra mi regazo.

- Pero tú eres mi madre, y si eres mi madre, tengo que hacer lo que tú me mandes… - Gimoteaba, sin lágrima alguna. Ni la primerita.

- Yo no mando, Nicolás, yo te ayudo a que no se olviden los hábitos diarios: si hay que lavarse los dientes…

- ¡Pues eso, jolinesyá…! – Me corta – Si hay que lavarse los dientes, ¿por qué no me los lavas?

- No te los lavo, porque eso es responsabilidad tuya – Le recuerdo con rintintín, tal y como mil y una vez me lo recordaron a mí a su edad – Así queeeee…

- Así qué, no, mamita, que yo soy pequeño y los pequeños no siempre sabemos todo… - Sigue fingiendo llorito, pero le sale fatal: ¡no cuela!

- ¡Ah, no…! – Me invade la risa, pero tengo que solaparla: la solemnidad de la ocasión lo requiere – Yo pensé que lo sabíais todos.

- Casi, caaaaasi tooooodooo… - Silencio. Raca, raca, raca, raca. Otra vez, la lengua en la manga del pijama – Lo de bichitos de la boca, por ejemplo, ¡eso no lo sabe ni Pepe el de El Madrid…!

Y claro, no hay risa que mil años pueda sofocarse. Que Pepe el del Madrid, muchacho virtuoso con el balón en la posición de defensa, no supiese que las bacterias colonizan la boca de los niños que se niegan a cepillarse los dientes antes de ir a dormir, era, en sí mismo, el gran gag de la vida: si me lo permiten, la dentadura del susodicho recuerda al asno de Shrek (vayan por delante todas mis disculpas a Pepe y a los asnos, por ponerlos en comparativa). Así que, una vez más, yo, la mamá norma sobre norma, me levanto, cojo al Amor-de-mi-vida-Primera edición (‘Segunda edición’ es el bebé, que aún no se cepilla los dientes, pero se saca brillo con una pieza de Lego…) y nos vamos al lavabo, volviendo a desdecirme en mi decisión de que allí se dormía con la colonia de bacterias entre incisivo, canino, molar y premolar.

Se cepilló como si no hubiese un mañana, arriba, abajo, lengua, arriba, abajo, lengua. Desde aquella, soy seguidora de Pepe en Twitter, no es para menos. Puede ser que no sea el supergoleador pichichi de la liga 2015 (que lo será y yo aquí, tan fresca, oye…), pero de lo que no me cabe duda es de que su magnetismo mueve montañas ¡de bichitos…!

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Dream, Dream, Dream

Escrito por informaValencia1 18-11-2015 en LIVING LA VIDA MADRE. Comentarios (0)

Noe Martínez/LIVING LA VIDA MADRE  Sugerencia musical: All I have to do is dream, de los Elverly brothers https://www.youtube.com/watch?v=hp_L5jfH3Ak

Supongo que piensas que has tocado fondo el día que en tu locura ya cada vez más definitiva y menos transitoria, empiezas a pensar que dormir es un mal no necesario. Y digo mal, y digo no necesario, porque como la zorra y las uvas, que siempre las encuentra verdes  por mucho que huelan ya a mosto, cuando los demás soban, tú estás con los ojos como platos, los nervios como tornillos calibre 8 y unas ojeras osopándicas divinas, fingiendo que con tres horas de casi Zzzz, vas que ardes. Cuando no dormir ya no supone un problema, empieza el problema, beibi.

- … todas las noches, a las diez en punto, doctor, sin faltar uno: lloros y gritos como si no hubiese un mañana.

Nuestro pediatra, ese hombre curtido en enfermedades, mocos, gastroenteritis, varicelas y madres extenuadas. Nuestro pediatra, que yo no sé si ya lo parieron sabio y viejo, pero el tipo no se inmuta ni aun cuando le cuentas la muerte de Manolete. Allí estaba el erudito, con su no pelo y su expresión de señora, no se haga la especial, que llevo cuarenta años escuchando las mismas músicas, así que, ligerito y acompasado, que hoy juega el Celta. Como creo que no me ha entendido bien la magnitud de mi tragedia, se lo repito, pero enfatizando que mi bebé llora siempre a la misma hora, como si tuviese un temporizador.

- ¿Le dolerá algo, doctor…? – Inquiero, mirando el reloj, porque sé que tengo media hora para acabar consulta, coger el coche, llegar a casa, dar la cena al mayor, entretener al pequeño para que deje cenar al mayor, dar de cenar al pequeño, meter en la cama al mayor y bajar para sofocar el griterío que se avecinaba, llegada la hora H(-oy me entrego en Si bemol ).

- ¿Usted que cree…? – Me zampa.

- ¿¡Yo…!? – Me encojo de hombros y me entran unas ganas locas de llorar. Pero llorar como un río. No, un río es poco gráfico, creo que quiero llorar como la Fontana de Trevi. Sí, eso es.

- Lo que creo, señora, es que Lorenzo es un bebé, y los bebés lloran. Es un niño sano, y eso es lo único importante…

J*deeeeeeeeeeeeeer. Y tanto que sí, lo único importante, pero digo yo…

- Más razón que un santo, doctor… - Le digo – pero será igual de sano a las diez de la noche que a las dos de la tarde, y, sin embargo, el sindiós empieza cuando llega la noche…

- ¿Pero llega a calmarse…? – Sentencia, sin levantar la mirada del historial que parece estar perpetuando con un Bic azul punta gruesa (no usa ordenador: tiene los datos toooooooodos en la cabeza).

- Hombre, sí, pero mamasita María del Carmen… - Me persigno con la mano izquierda, porque la derecha la tengo ocupada con el bebé, que está sacando punta a los incisivos con mi nudillo. El dolor no existe, el dolor no existe…

- Pues dé gracias, señora, porque los hay verbeneros, de los que alargan la fiesta hasta la madrugada…

¡Zasca! No sé quién dijo aquello de ‘no dar por el pito más de lo que el pito vale’, pero me imagino que un chino confúcico no fue (poco karma veo yo en el asunto), pero tal cual. Cuando pensé que lo único que podía desestabilizar un hogar familiar como el nuestro, acostumbrado a un mayor que no había llorado ni con motivo, era la perrencha de antes de dormir, el bebé nos dio un recital que se te caen las pestañitas, chatos: ¡una a una…! Aquella misma noche, mi querubín, rubito, de piel blanca y sonrosada, de ojos verdes como papá, se pegó una llantina que me acordé de mi prima la coja (que no tengo, pero le puse pata de palo a toda la estirpe familiar).

- Noe, pero ¿qué le pasa…? – El paciente padre, incrédulo, miraba la mini caja torácica; todo aquel vocerío de aquel pecho tan pequeño.

- ¿Quéééé diiiiiiceeeees…? – Con el bebé en brazos, acunándolo cual góndola veneciana, daba y daba y daba, sin conseguir consuelo al llanto hiperdecibélico del susodicho. Tanto daba y daba y daba, que la Biodramina no hubiese estado de más, porque menudo vaivén… -

Habla más alto, que no te oigo…

- ¿Pero por qué llora tantoooo…? – Previsor, el padre corre a cerrar la puerta de la habitación del mayor, porque sólo faltaba que también se despertase, uniéndose al aquelarre de berridos e hipíos.

- ¡Y yo qué c*ño sé, papi, qué c*ñooooo sé…! – Desesperada, sigo dale que dale, acunando con tanta vehemencia, que ya no sé si tengo brazos o qué. Once again, no hay dolor, no hay dolor. ¡Hay, c*rallo, hay…!  Doy fe.

Y lo que son las cosas, porque en medio de aquel berenjenal de lloros, gritos y desesperaciones por saber qué pasaba, lo intentas todo, menos lo más obvio y necesario, que es resignarte y esperar a que escampe el temporal. Sabes que el bebé no puede estar así de entregado al dramón mucho rato más, porque aquello requería la energía de la central nuclear de Vandellós. Y aún así, no visualizas el fin del guirigay, con lo que ello redunda en stress nivel ‘yo para ser feliz quiero un camión, llevar el pecho tatuado, camisetas y mascar tabaco’.

Yo, para ser feliz ya sólo quería que no doliesen los brazos.

Cuando crees que todo está a punto de chispum, el regazo del padre, que se acerca a ti para dar consuelo en lo inconsolable, es la luz al final del túnel…

- Noe, vamos a morir todos…

- ¡Oye, no digas eso ni en broma, que aquí hay mucho que criar..! – Empiezo a gimotear, porque estoy taaaaaaaaaaaaaan cansada que lo único que me queda y que puedo hacer mientras sostengo al bebé, con un cargo de conciencia bestial por no ser quien de calmarlo, es llorar. Llorar como hace mi gordito, que lo borda y a alguien habrá salido…

Cuando creíamos que todo iba lo suficientemente mal…

- ¡Maaaamiiiiiitaaaaaa…!

El intercomunicador infantil, ese mejor amigo. Aunque mi mayor ya no era un bebé, seguíamos teniendo su sueño vigilado, por si yo que sé, haciendo de su descansar a pierna suelta un auténtico Gran Hermano. Vale. El pequeño en pleno ataque lacrimógeno, ya sobrepasando la barrera de las once de la noche (‘Dé gracias, señora, porque los hay verbeneros, de los que alargan la fiesta hasta la madrugada, dé gracias, señora, porque los hay verbeneros, de los que alargan la fiesta hasta la madrugada, dé gracias, señora, porque los hay verbeneros, de los que alargan la fiesta hasta la madrugada…’ Gracias por el mal fario, doctor), así que, le endilgo el petate llorón a mi maridito, y subo las escaleras de dos en dos, para llegar cuanto antes a la habitación del mayor: si no podía calmar a un uno, dos se me hacía inabarcable. Algo en mi cabeza turuta y fuera de sí deseó ser una deidad hindú de esas que tiene brazos a lo loco, cual sombrilla vista desde abajo.

- Mami, porquélloratantomirmanoooo… - Abrazado a mí, el mayor tampoco entiende nada.

- Porque se quedó dormido viendo el capítulo de Dora en el que tiene que ir a la colina de los arándanos, y no sabe si llegó o no… - Me invento una trola, besándole la cabecita.

- Pero claro que llegó, mami, Dora siempre llega, ¿no ves que tiene un mapa…? – De fondo, no dejamos de oír al bebé, llora que te llora, y al ya-no-paciente padre entonando los Cinco Lobitos.

- No hagas caso, amor, que ahora si no tienes un Tom Tom Go no llegas a ningún sitio…

- Yaaa, pero tú no le haces caso a lo que te dice la chica del tontón… - Es genial la genética, que hace que tus minitús hereden lo bueno y/o lo malo de ti, en este caso, la verborrea es muy made in Mami - ¿Te acuerdas que nos perdimos para ir a la piscina de bolas el día del cumple de Martín, te acuerdas…?

- Me acuerdo yo y el santoral al completo, a catalogué sin dejar uno, hasta que fui capaz de volver a meter los parámetros de búsqueda en el Tom Tom Go…

BuáBuáBuábUaaaaaa. Los lloritos que se colaban desde la planta de abajo se iban apaciguando. Me tiré en la cama con el mayor, con la excusa de confortarlo mientras se quedaba de nuevo dormido y, muuuuucho antes de que él se durmiese, me quedé cochifrita. Lo siguiente que recuerdo fue despertarme sobresaltada, con la mano conocida de mi maridito, que me anunciaba que el pequeño se había quedado dormido media hora, pero que había arrancado el megáfono de nuevo…

- Quédate, no bajes, pero era sólo por si ves que hay que llamar al 061 para comentarle el fenómeno… - Me dijo, cerrando la puerta, para que los lloros desde la minicuna del salón no se colasen de nuevo en la habitación del mayor.

- No creo – Susurro, mientras me incorporo – Ahora que, pon Telecinco, y si sale el anuncio del exorcista ese que sale con una cinta de moneditas en la frente, coge el número c*gando leches, porque aquí hay que apalabrar con el mas allá…

Endemoniado o no, el bebé nos dio una noche del quince. Afónico estaba de la pataleta. Pero, lejos de ser un hecho aislado (quién nos diera…), aquello se convirtió en costumbre, y lo de dormir en esta casa, tan a rebosar de amor como de locura y desorden juguetero, se convirtió en una ruleta rusa. Y cual pimiento de Padrón, algunas noches dormimos, otras no. Pero eso no importa, porque cuando tú te le comentas a cualquiera que no duermes porque tienes un bebé, lo asumen con una naturalidad apabullante, como si no dormir fuese inherente al cargo de ser padres. O lo que es peor, te sientes como el orto de Odín, cuando confiesas que llegas a meter al bebé en tu cama, para ver si así puedes coger el sueño una hora seguida. No falta la madre experta, la gran foca monje, con su bigotito de foca monje also included, que te recuerde que es una temeridad acostar a los niños en la cama de los padres. Y lo es, no digo que no, pero también lo es ser cruel con la debilidad y sueño ajeno, y ellas lo son. Yo no voy a aplastar a mi niño, más que nada, porque no pego ojo, sólo descanso aprovechando que deja de llorar: me convierto en un camaleón, con un ojo abierto y el otro cerrado. Mami siempre vigilaaaaaa.

- Cómprate una cuna de colecho, que son muy útiles; pero cama: ¡camaaaa, nooooo…! - Y la foca monje y su mostacho se permiten menear la cabeza, sin repara en que no es eyeliner lo que me enmarca los párpados: es p*to insomnio.

Y tú un bozal, chata, que hay que ver lo mucho que se arreglaría lo tuyo con la boca cerrada y la máscara a lo Aníbal Lecter. Noe Martínez, la mujercita que nunca se duerme en los laureles, ¡más quisiera yo…! :P

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Happy Birthday

Escrito por informaValencia1 11-11-2015 en LIVING LA VIDA MADRE. Comentarios (0)

Noe Martínez      Sugerencia musical,  Las mañanitas, por Alejandro Fernández, https://youtu.be/f-QlwwGBf94

Los cumpleaños.

Como veis, le he regalado un extra de protagonismo al término, que goza de luminosidad y empaque, así, solito, en línea propia, sin nada que lo enturbie o arrebate supremacía emocional. Y es que, queridas mamá tan imperfectas como yo (que soy la más Queen, no se me olviden), no hay maternidad que no curse con lío cumpleañero, sobre todo, cuando lo que se tercia es organizar el primero. ¡Ay, esa primera velitaaaaaaa…! ¡Esa primera tartaaaa…!

- ¿En serio…? – El paciente padre mira la lista de invitados y se mesa la incipiente barba no-hipster (falta de tiempo, más bien).

- Papi, es su fiesta de presentación: ¡Lorenzo, un añazo ya, no me digas…! – Respondo, sacándole la lista de las manos, no vaya a ser que se eche atrás.

- Hemos asistido a bautizos con menos peña, la verdad… - Replica, y está en lo cierto.

- Ya, pero nosotros no hemos optado por ese sacro santo invento, te recuerdo…

- ¿Entonces, el primer cumple de los niños es un bautizo laico o cómo…? – Noto cierto tonillo, pero lo obvio, porque tengo prisa por cerrar flecos para el evento.

- Es un all together, porque como lo mismo tampoco nos animamos al siguiente sacramento…

Laico, protestante, católico o medio pensionista. El primer cumple de los niños, es siempre la fiesta de las fiestas. El sindiós de los sindioses, en el que no tardas en preguntarte en qué puñetas estabas pensando cuando decidiste (tú solita, no repartas culpas) celebrarlo en casa. Ni más cómodo, ni más barato, ni más entrañable, ni más familiar. Sólo prisas, tensión, nervios, incompatibilidad espacial (8 sillas / 20 culos, no da…) y ansiedad existencial, así, en general. Quieres que todo luzca como los cumples de las pelis americanas, con sus globos maravillosos, engalanándolo todo desde el jardín hasta la puerta, con piñata XXL anunciando lluvia de chuches y baratijas, con guirnaldas vaporosas, dejando claro que allí alguien está de aniversario, y que se le quiere-ama-adora más que todo y mitad. Quieres ser una madre virtuosa de esas que tienen tiempo y maña para imitar ideas en repostería, tan distinguidísimas como resultonas, de las miiiiiiles que publican en Pinterest, la red social del ocio y la molicie femenina. Pero, ¡zasca!, una vez más, la realidad te da en todo el morro.

- Voilá…! – Orgullosa, muestro a mi maridito una torta caserísima, a la que he puesto una cobertura de fondant muy colorida.

- ¡Ótiaaaa…! – Pasmado que se quedó, ni h*stia fue capaz de vocalizar – Un bizcocho con chubasquero…

Se ríe. No me gusta que se ría, sobre todo sabiendo que yo también me quiero reír, pero tengo tantos pegotes de harina, huevo, azúcar y cacao por la cara, que no puedo, porque me tira como si tuviese una careta veneciana. Miro la tarta y la giro, buscando la forma de que él dé con el motivo que he intentado reproducir tan f-i-e-l-m-e-n-t-e con la pasta repostera de moda. Vaya por delante que nunca he sido buena alumna en manualidades, y que aún recuerdo la cara de mi profe Ana, de tercero de la extinta EGB, cuando vio el florero que había hecho con motivo del día de la madre. Aaaaah, dijo, ya veo que has hecho una flauta, qué bonita. No era una flauta. No era bonita. Modelar no era lo mío. Dicho lo cual…

- ¡A ver, papiiiii, esfuérzateeee…! – Le doy otra vuelta a la tarta, buscando un ángulo que, poniendo intención, dé pistas
– Es para Lorenzo, por lo taaaaanto tiene que ser de algún dibujito de la teeeeele que le gusteeee muchoooooo

- Dime que no es de BabyTv porque me dan picos de glucosa en sangre… - Sudor frío. Hoyesmidíaespeciaaalhoyesmidíaespeciaaaalesparatiesparamíhoysoyfeliiiiiz. Si algún día nos acomete el Armagedón, ese será el jingle, como si lo viera.

- Frío, fríoooo… - Giro otra vez el pastel, mirando el reloj: tengo exactamente diez minutos para terminar, porque el pequeño se levanta de la siesta como con temporizador: pasado el ecuador de la hora y media, chispum. Eso, y que los invitados toman la casa en menos de tres horas – Ves esto laaargo y rosita, pegado a esta bola más grandeeeee, así toda redonditaaaaa, ¿quién eeeees?.

- Sólo espero no sea lo que pienso, porque lo mismo cuelgan el vídeo del cumple en Youtube, y nos convertimos en viral…

- ¿¡Eeeeh…!? – Miro la capa de fondant, no entiendo – ¡Pepa Pig, papi! ¡P-e-p-a P-i-g! ¿¡Pepapí…! ¿No lo ves?

- ¡Aaaaah…! ¡Vayaaaaquesí…! - Se vuelve a reír.

- Oye, desagradable, no sabes el trabajo que dio hacer el hocico… - Con la espátula, rectifico una grieta que comenzaba a asomar.

- Pues si llegas a querer hacer una p*lla, lo bordas…

¡Pero será bocanegra el tipo! Pongo ojos críticos, y tal cual. Ni Pepapí, ni Pepapó. Aquello era un pene con ojos, y sanseacabó. Tenía ganas de llorar, pero no había tiempo para lamentaciones. El tic tac se nos echaba encima, y había que tirar pa`lante. Me digo a mí misma que no hay nada que dos Lacasitos no puedan arreglar, así que coloco estratégicamente un par de grajeas de colores, marcando los ojos de cerdita en cuestión. Miro al maridito, que ahora ya no se ríe, se micciona, mismamente…

- ¿¡Noooo…!? – Pregunto.

- Supernó… - No deja de reírse.

- Son los ojitos… - Matizo.

- Pues parecen botones de On-Off… - Se acerca y hace ademán de manipularlos, como control remoto. Engola la voz, impostando su ya de por sí grave tonalidad  -  ‘La p*lla mecánica’, la versión porno de Standley Kubrick…

Si hay algo que me saque de mis casillas (además de que Antena 3 ponga anuncios antes del beso final de Oficial y Caballero), es que alguien ose a ser más ocurrente que yo, incluso cuando necesito que lo sea. Como tirarle el rodillo de amasar fondant hubiese quedado muy violencia culinaria nivel 1, le tiro un puñado de harina, que, oh, oh, mala suerte, acaba en toda la cara de mi hijo mayor, que alertado por la juerga y porque se acabó su maratón de tele de BreadWiners, se acerca a ver de qué tanta verbena. Pobre mío, con la carita rebozada en polvo blanco, a lo Sara Montiel en el Último cuplé (Dios la tenga en la pompa que merece…), se pone a llorar. Y no es para menos. Me siento fatal, porque la tarta es un fiasco y ya no tengo margen de maniobra. Me siento fatal, porque mi mayor llora lágrimas de cocodrilo, provocando chorretes en la harina de los mofletes. Suerte de gafas, que protegen su mirada divina.

- Lo siento, amor, lo siento… - Beso la cabecita de Nicolás, buscando consuelo, aunque sé, y no me importa, que son mimitos.

- ¿Queeeeesoooomamitaaaa…? – Señala la tarta.

- El pastel de cumple de Lorenzo: ¿te gusta? – Inquiero, animosa.

- No sé… - Se acerca, y se queda mirando en silencio.

- ¿Quién es la que está en medio de la tartaaaaa…? – Señalo a la cerdita en cuestión. Miro a Nicolás, que hace pucheros y no le saca ojo - ¿Quién eeeeees…?

- ¿Es Pinocho gordo…? – Pausa - Seguro que es su primo, porque pinocho es más así como de churro laaaargooo…

La barbacoa estaba ya a pleno rendimiento, la mesa repleta de cositas chulas súpermega inútiles, pero que daban una aire cosmopolita a la celebración (las burgers y los hot dogs, las medianoches rellenas de nocilla de los 80’...). La guirnalda de banderolas aún rezumando tinta de la impresora. Todo preparado para la llegada de las hordas familiares, ávidas de abracitos, de besos, de quienquierealaabuelaaaaa. Todo preparado, excepto una tarta que no diese la risa.

Feliz, feliz en tu día,
Amiguito que Dios te bendiga
Que reine la paz en tu día,
Y que cuuuuuplas muuuuchos mááááás
¡Bieeeeen!

Plas, plas, plas. Aplausos, achuchones, cera de la vela por toda la mesa, vocerío que clama su regalo sea el primero en abrir. El paciente padre se me acerca y me susurra al oído…

- El día que te canses de hacer guiones o escribir novelas, la repostería erótica no se te resiste…
En ese mismo instante, mi padre, a la sazón el abuelo de Lorenzo, mi guapo y amoroso bebé, se aproxima a la tarta y, poniéndose las gafas, exclama…

- Ay qué ver, Noe, lo que se parece ese dibujito de la tarta a la Jacinta de mi pueblo.

La Jacinta, mujer con más bigote que Tejero y con una napia Cyrano de Bergerac. Mi papá divino, salvando siempre mis malas mañas con el arte. El único que vio en mi block de dibujo el despunte de una artista en ciernes. Sé por su cara que aquel hocico le recordó a lo obvio, pero si era tan obvio, para qué mencionarlo. Mejor la Jacinta, que da más risa y me quita de encima el peso de la culpa, culpita, yo tengo, negro, negrito, el corazón.

- Pues es una cerda, papá… - Arguyo, apesarada.

- ¿La Jacinta…? – Arquea las cejas – Nunca se supo nada de eso…

Carcajada feroz. Se acerca mi maridito a felicitarme por lo lucido que está todo y para informarme de que el confeti de los bazares chinos es comestible: Lorenzo lo ha demostrado. Heces tuti fruti, como si lo viera…

- ¿Te sirvo un trocito…? – Me dispongo a cortar una porción de tarta para el padre del homenajeado.

- Vale, pero un trocito pequeño, la puntita nada más…

- ¿Pero vamos a ver, hombreeeee?

Otra vez jajás. Que viva la alegría, el disparate y los tutoriales DIY en Youtube. Que viva la marimorena. ¡Y la Jacinta, claro está…!

noemartinez.es

Djobí, Djobá, cada día te quiero más (verdad verdadera)

Escrito por informaValencia1 05-11-2015 en Cultura. Comentarios (0)

Noe Martínez/LIVING LA VIDA MADRE  Sugerencia musical, Djobí, Djobá, de Gipsy King https://www.youtube.com/watch?v=KYZ5QmbCYR4

En qué momento hay que enseñar a tus niños que los valores que los adultos ponemos en alza, no son del todo ciertos. Porque claro, hay que dar mucha zanfoña con el asunto de no se miente, que contar trolas no está bien, y después, cuando los pobres sacan a relucir sus altas capacidades con el uso y disfrute de su infantil sinceridad, nos ponemos del color de un sueco en la Costa del Sol. Rojo se me antoja poco gráfico, cuando la vergüenza tiñe mis mejillas y hace que baile la gota fría, que cantaba aquel.

- Nicolás, mentir es feo. No es necesario hacerlo, porque cuando se hace algo que no está bien, es mejor decirlo y tratar de solucionarlo…

Letanía maternal, versículo 1.

Le das mil y una versiones de lo mismo, todo para que entienda que con la verdad se va a Roma, o París, que aún no entiendo muy bien por qué mi mayor todo lo remite al mismo lugar. Dudo que haya visto ‘Españoles por el mundo’ TVE, así que supongo Disney y el ‘Jorobado de Notre Dame’ algo tendrá que ver. Vale, pues con la verdad, ese don maravilloso, tan loado y buscado por en cualquier situación de la vida, para forjar carácter, sentar las bases de lo que en el futuro será un adulto de bien, crear vínculos sanos con su entorno social, es un arma de doble filo que, os lo aseguro, no tarda mucho en darnos en todo el jeto a los papás animosos, que vemos en la educación emocional una prioridad.

La primera ocasión en la que esa locuacidad infantil para decir siempre lo que l-e-s  a-p-e-t-e-c-e  y  e-s  v-e-r-d-a-d te pilla desprevenida, con la guardia baja, y, casi siempre, con las manos ocupadas para mitigar los decibelios de la tan certera como ‘pero-qué-dice-que-me-va-a-dar-parraque’ elocuencia de tu niño.

- Mamita: ese culo gordinflo, qué…

Cola del supermercado, hora punta. Cientomil humanos en fila, aguardando a que la cajera se entienda con la nueva terminal, que no escupe el ticket ni metiéndole el palo de la mopa por la ranura. Nicolás, que es más bueno que un sol y tiene capacidad para entretenerse censando moscas (minuto y medio, claro), se queda mirando el enoooooooooooooooooooorme pandero de una señora chandalera, de las que usa mallas Nafta hasta para ir a misa de doce. Yo, que estoy pendiente de que él no haga que una docena de huevos se suiciden, carro abajo, me giro, dándole la espalda a la señora y a su sacrosanto apéndice y le digo…

- ¡Shhhhhh…!

- ¡Shhhhhhqué…! – Arquea la cejas; me temo lo peor… – No mihagasshhhhhymiraelculogordinflodesaseñoraaaaa

La señora, que, efectivamente tiene el culo gordinflo pero eso no cursa con sordera, se gira, incómoda, regalándonos una mirada full of rayos gamma, de esos que vuelve malhumorado y harapiento al bueno de Hulk. Me entran ganas de gritar, de salir de allí por piernas, con el niño al caballito para que la huída sea más ¡piuuuuum!, pero pienso que no puedo, porque el bebé necesita pañales, el padre maquinillas de afeitar, yo mermelada de albaricoque sin azúcar y la abuela cereales Kellogs con chispitas de chocolate, entre otras muchisisisisimas cosas que juegan al Tetris en el carrito. Me hago un ‘a mí plin, soy una madre figurín’, y dejo que la cosa se solucione sola, eso sí, entreteniendo a mi amor de amores, para que deje de dar por c*lo con el asunto del diámetro del ídem de la señora de marras.

- ¿Sabes qué…? – Le digo, intentando desviar su atención – Que si hoy llegamos tempranito a casa, vamos a hacer palomitas en el microondas: ¿qué te parece…?

- ¿¡Palomiiiitaaaaaas…!? – Inquiere emocionado.

- ¡Palomitas! – Sentencio, orgullosa, sabiendo que cocinar con mis niños, independientemente de que los granitos de maíz que caen al suelo puedan llegar a Almansa, me convierte, a sus ojos, en una madre molona.

- Pero no podemos hacer palomitas: hoy no metiste en el bolso muchísimas bolsas de papel de esas en las que pesamos las empanadillas, ¿o no te acuerdaaaaas…?

Djobí, djobá, cada día te quiero más, djobí, djobí, djobá.

Meeeeck. Campana y se acabó. No quedaba duda alguna de que yo, la mamá molona que hacía palomitas con su niño, era, además, una birladora nivel PRO. Pero, ¿qué culpa tendría yo de que no vendiesen saquitos de papel para hacer palomitas, y que me viese obligada a ‘despistar’ unos cuantos en sección de panificados? Para aquel entonces, toda la cola de humanoides (la humanidad ya la habían perdido cuando la cajera tuvo que volver a pasar toda la compra de un cliente, a la voz de ‘el sistema chupó todo lo que le metí’; las segundas interpretaciones, cuánto han hecho por la serotonina popular, ains…) se había vuelto para mirarme; algunos, con cara de sé bien de qué me hablas, yo también me agencio bolsas de pesar fruta para la papelera del baño. Otros, los menos, con cara de señoraaaa, hay qué ver qué ejemplo. Pero sin duda, la mejor cara, la de la señora con el culo gordinflo, que vio en mi humillación pública, digna venganza a su celulitis trasera.

- Nicolasiño, hijo, no es necesario decir todo lo que se hace… - Acaricio la cabeza de mi primogénito, aún con sudorcito frío recorriéndome la espalda.

- No hay que mentiiiir, mamita, mentiiiir es feo. No es necesaaaario haceeeerlo, porque cuando se haaaace algo que noooo está bieeeen, es mejoooor decirlo y tratar de solucionarlo…

Nicolás C. M., 4 años, genio y figura, imitando a mamá y su empeño en educar en valores sociales con criterio: sinceridad… Con musicalidad y alevosía, así se ganan las batallas que no tienen cabida. De cuando educar en ‘hay que ir con la verdad por delante’ te da en todo el hocico. Pero con la mano bien abierta, oigan…

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