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A LA CONTRA

La guerra de Valls y Hollande

Escrito por informaValencia1 23-11-2015 en A LA CONTRA. Comentarios (0)

Manuel Huerta. A LA CONTRA

Tal y cómo han manifestado François Hollande y el premier Manuel Valls, Francia y la Europa comunitaria y Estados Unidos, estamos en guerra. Una guerra nueva, distinta a lo que conocemos hasta ahora denominada cómo tal o con el tópico "conflicto armado".

El pasado viernes, un nuevo ataque terrorista barría un hotel de Bamako, capital de Mali, dejando 27 muertos, en su mayoría trabajadores europeos allí alojados. En esta ocasión el terror actuó bajo la franquicia yihadista de Al Murabitún, uno de los distintos grupos  que habitan y operan sembrando el terror, el horror y la miseria en el eje Golfo de Guinea- Oriente Medio.

La amenaza yihadista tiene un carácter global que no se limita exclusivamente a Siria e Irak, ni al denominado Estado Islámico. Occidente, el mundo libre, es sobre todo, su diana, y su propósito es acabar con democracias y libertades e imponer la ley islámica.

Tras los ataques de Paris, los ciudadanos de Europa reacionamos con conmoción y emoción, con solidaridad y fraternidad, pero pasados los días comenzamos a relajar la tensión porque en buena parte de nuestra sociedad el término guerra vuelve a aparecer como fantasma cada vez que nuestro modo de vida tiene que afrontar los retos que nos van saliendo al paso. Así ocurrió el 11-M, cuando la voluntad del terror, fuese quien fuese el desconocido autor intelectual de aquel terrible atentado, acabó doblegando la voluntad de toda una nación, liderada por unos políticos sin carácter y de cuestionable liderazgo, incapaces de explicar que en ocasiones la guerra no se puede eludir ni evitar.

El Gobierno del PP y también el PSOE o Ciudadanos han de decir la verdad. Estamos en una guerra, insisto, cómo sí reconocen Hollande y Valls. Una guerra no declarada contra el fundamentalismo islámico, una guerra que nos han declarado sin que nos demos por enterados. Pero no por ello podemos negar su existencia. De nada nos sirve seguir la política del avestruz y negar que viviremos en esa guerra mundial probablemente durante décadas, ofreciendo únicamente una respuesta policial. Es una guerra contra el fundamentalismo islámico y no sólo contra Daesh o cualquier otro grupo reconocido, porque nuestros verdaderos enemigos no son sólo los terroristas, sino todos los que apoyan la extensión de la versión más radical del islam , es decir, la yihad.

Vemos cómo el Estado Islámico recluta jóvenes musulmanes de los suburbios de las grandes ciudades europeas mientras saudíes y cataríes financian las mezquitas en las que se envenena ideológicamente a la juventud europea de origen musulman que engendrarán después el horror en nuestras calles y por ende, en nuestra sociedad libre e indefensa.

Hay que recordar que la Sudáfrica racista de los ochenta se convirtió en una apestada y fue justamente excluida de todos los foros internacionales; sin embargo, Arabia Saudi no recibe la más mínima presión por parte de la comunidad internacional. Muy al contrario, ocupa un lugar en la oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Y esto en un país que no reconoce ni la libertad religiosa ni los derechos de las mujeres y que, en estricta aplicación de la sharia, amputa manos a los ladrones, apedrea a las adúlteras y castiga la homosexualidad con la pena capital.

Pues para ganar esta guerra habrá que hacer frente con determinación y valentía al fundamentalismo islámico, que es la causa-origen de la yihad. Así cómo ha hecho  Noruega por ejemplo, habrá que exigir la reciprocidad a los países que pretendan financiar mezquitas en nuestro país. Habrá que replantear nuestras relaciones con las monarquías del Golfo y exigir, como se exige a todos los países, respeto a los derechos humanos.

No se debe seguir alentando ninguna alianza que conlleve a la propagación del fundamentalismo en Europa. Y para eso es imprescindible que las mezquitas que se conozcan precursoras del odio sean cerradas y los imanes  expulsados de nuestra zona. Hemos llegado demasiado lejos y se trata de una cuestión de supervivencia.

Y se tendría que saber con rigor si la inmigración masiva de musulmanes en Europa se puede seguir asimilando en el sentido de incrementar las bolsas de jóvenes desempleados y frustrados en los suburbios de nuestras grandes ciudades, que no hace otra cosa que aumentar los caladeros en los que las organizaciones criminales reclutan a nuevos terroristas. Si la economía europea necesita inmigrantes, habría que potenciar la inmigración legal de personas procedentes de culturas abiertas que se integren fácilmente, como ha venido ocurriendo en nuestro país desde hace décadas. Otro ejemplo en éste sentido es el gobierno holandés, que ha declarado que el modelo de integración multicultural ha sido un fracaso y que los musulmanes residentes en los Países Bajos tendrán que adoptar el modelo de convivencia holandés.

Y otra cosa son los intereses empresariales sin ningún tipo de escrúpulos: Real Madrid y Barça, mientras la integridad física de sus aficiones se veía amenazada por amenazas de los terroristas islámicos, lucían en sus equipaciones la publicidad de Qatar Airlines y Fly Emirates. Sí, una guerra que parece a veces la de las escenas de "La vaquilla", pero al contrario que en la película del gran Luis García Berlanga, aquí los malos no dejan de matar porque haya fútbol el fin de semana.

Inmorales

Escrito por informaValencia1 16-11-2015 en A LA CONTRA. Comentarios (0)

Manuel Huerta/A LA CONTRA

No, no me voy a cansar de llamar irresponsable político a Jose Luis Rodríguez Zapatero. De aquellos lodos nos llega esta amenaza de muerte. Una muerte que podemos hoy sufrir en cualquier bar, en cualquier supermercado, en cualquier concierto de música, en un cine, en un restaurante, paseando por la calle o simplemente viendo escaparates. Mientras profesionales honestos y comprometidos se desviven por nuestra seguridad, tipos como Zapatero y sus amplificadores, promueven la angustia y el sufrimiento ante la injusticia.

"Je suis París". Sí, desde hace tiempo, todos estamos amenazados por la incultura de aquellos que, en lugar de poner todos los medios a su alcance para evitarla, la alentaron en base a una supuesta alianza con una civilización sangrientamente incivil. En nuestra época, pagamos la frivolidad partidista de un ser indolente que quiso ser el dirigente político más estúpido de Europa (me cabrea verlo en los mítines del demagogo Pedro Sánchez), que intentó poner una pica en Flandes y lo que consiguió fue que otros incultos, cómo él, cómo el actual alcalde de la ciudad de Valencia, se dediquen a negar el cristianismo latente de la mayoría de sus conciudadanos, legislando para una minoría manipulada y sin valores de referencia, tras la negación de los fundamentos históricos de nuestra cultura.

No son capaces de cerrar ninguna mezquita en la que se crían y enardecen los asesinos de mañana, pero si se atreven a quitar los crucifijos de las aulas y la imagenería cristiana allí dónde convive y representa a una mayoría censal. No son honrados en condenar los asesinatos de cerriles radicalizados por el vil metal petrolífero, pero aparentan teatrales poses delante de la institución que representan para indignación de la mayoría sufraguista a la que no escuchan. De ésta calaña indecente depende nuestra insegura seguridad cuándo de enfrentarnos a éstos locos de la yihad se trata. Estamos vendidos ante el designio puramente individual y nada selectivo ni estructurado de los bestias seguidores de Alá.

Mientras, algunos profetas de la farsa esquizofrenia libertaria que representa a ésta triste generación de funcionarios y otros incapaces varios, de aquí y de allá, ajenos al clamor social, desfaenados para la provocación de los ciudadanos decentes formados en la cultura democrática, que se aprestan además a rememorar y justificar los ataques terroristas en decisiones y pautas de recientes gobernantes, posiblemente equivocadas, pero que siempre perseguían nuestra pervivencia en la libertad, gritan su venganza personal en decisiones unilaterales, para recordarnos que sólo les mueve el odio a la prosperidad y el progreso de una sociedad capaz de vivir y reclamar el estado de bienestar en todos los sentidos, más si cabe, en el ámbito de la Unión Europea. Y su frustación constante, su miseria vital no es otra que la firmeza en nuestras convicciones para mantener aquello que a ellos mismos les permite expresarse sin censura, la libertad de expresión, nuestra permisividad ante sus proclamas incendiarias de la sinrazón, nuestra tolerancia en su complicidad con la barbarie, nuestra resignación en la convivencia con su deleznable actitud ante los intolerantes. Es la certificación de su nula formación moral. Libertad al fin y al cabo. Algo que ningún "kalashnikov", ningún radical musulmán, ningún intercambio comercial de armas por petróleo nos va a quitar, aunque les pese a todos éstos ladrones de la verdad.

@quart5

Tan preparado como indigno

Escrito por informaValencia1 06-11-2015 en A LA CONTRA. Comentarios (0)

Manuel Huerta/A LA CONTRA

El exjefe del Estado Mayor de la Defensa, teniente general José Julio Rodríguez, es el fichaje estrella de Podemos para las próximas elecciones generales. El jefe de la cúpula militar durante el último Gobierno socialista (de Jose Luis Rodríguez Zapatero) ha decidido incorporarse a las listas electorales del movimiento de izquierda extrema liderado por Pablo Iglesias, que ya lo trata como el ministro de Defensa de su hipotético Gobierno.

La entrada de un militar del máximo rango en una formación antisistema que rechaza el orden constitucional y defiende el derecho a la ruptura regional de España es cuánto menos, un hecho sorprendente que cuestiona, en primer lugar, la coherencia del ex JEMAD y la lealtad con la que ejerció su mandato al frente de todos los Ejércitos. No es posible comandar las Fuerzas Armadas de España y estar en contra del mandato constitucional que encarga a las mismas velar por la soberanía nacional y la integridad de la Nación.

José Julio Rodríguez ha aceptado formar parte de un movimiento populista que rechaza ambos principios y él mismo se ha encargado de despejar cualquier duda al defender que la sedición del nacionalismo catalán no puede ser combatida con las leyes. (¿?). A mi me parece un bochorno absoluto que un tipo de esta catadura moral haya sido JEMAD.

Todavía más grave en éste sujeto es el hecho de que, habiendo sido las Fuerzas Armadas españolas brutal y cobardemente golpeadas por el terrorismo etarra, se adhiera a un partido que suscita un rechazo unánime entre sus víctimas y que va a concurrir al Senado de la mano de Bildu, brazo político de los asesinos vascos. ¿Acompañará Rodríguez a Iglesias a su próxima charla en una herriko taberna? ¿Aplaudirá cuando alguno de sus conmilitones insulte a las Fuerzas Armadas o sostenga que se trata de una fuerza de ocupación en el País Vasco y Cataluña?

José Julio Rodríguez debe ser considerado indigno de haber desempeñado tan altas responsabilidades dentro de la estructura militar y de defensa del Estado. Tan indigno como el que le nombró para ese cargo. Así estamos hoy.

El ciclista que odiaba a los cristianos

Escrito por informaValencia1 28-10-2015 en A LA CONTRA. Comentarios (0)

Manuel Huerta/A LA CONTRA

Hasta hace apenas unos años, estaba convencido de que el político lo era por vocación de servicio a sus conciudadanos. Siempre pensé, con lo mal pagados que están, que casi todos ellos eran dignos de elogio al dedicarse al noble ejercicio de trabajar para los demás, aún a sabiendas de que hagan lo que hagan, nunca contentarán a todo el pueblo.

Cierto es que, cuándo alcanzan el poder, en contra de lo que les había ocurrido hasta ese momento, se dan cuenta de que las responsabilidades de gobierno incluyen horas y horas de largas jornadas laborales, siempre, insisto, muy mal remuneradas. Y lo de la vocación, ni en sueños.

Ahora las cosas han cambiado. El político que alcanza el sillón de mando, aunque no sea el más votado por la curiosa ley española al respecto, puede dedicarle mucho menos tiempo a la buena gestión de las necesidades de los ciudadanos que a sus propias aficiones, hobbys y caprichos personales.

El modelo valenciano al uso tiene ahora mismo un perfil de profesional de la política -que no político-, con años y años cobrando su sueldo del partido y de la institución a la que pertenece por no hacer nada, vagabundeando entre hemiciclos, comisiones inservibles para la galería, de personalidad embaucadora y escasamente fiable, pero muy estimada sin embargo para la conspiración contra sus compañeros de ideología, rencoroso, vengativo y de muy bajo nivel de instrucción o por lo menos, de una instrucción actualizada.

Es cierto que nunca dijo que gobernaría para todos los valencianos (o al menos yo nunca les escuché decirlo) y también es cierto que era de esperar su incapacidad para afrontar las cuestiones importantes que nos afectan y que tienen difícil solución: mejorar los servicios de infraestructuras, sanidad, educación, limpieza, transportes y urbanismo, favorecer las iniciativas privadas en aras de una mayor dinamización de la economía y la creación de puestos de trabajo, proteger y garantizar las pensiones, incluídas las de los autonómos, trabajar con firmeza para rebajar impuestos e intentar dotar de mayor calidad de vida a las personas y todo ello, intentando pasar lo mas desapercibido posible.

Ese modelo de empleado de la política que abunda ahora en nuestras instituciones, con más años que "la Charito", más trasnochados que el pantalón de campana, pero con poder para tomar algunas decisiones absurdas (otras las tienen embargadas merced a sus ansias de gobierno), no piensa afrontar, como era de esperar, ninguna de esas trascendentales cuestiones. Muy al contrario y como bien acostumbrados a perder durante décadas, su principal objetivo es hacer perder a lo demás, la venganza pura y dura: destruir; destruir y prohibir; prohibir y censurar; censurar y eliminar cualquier ley, norma, tradición o creencia aprobada por el anterior gobierno y por tanto, emanada de la voluntad de la mayoría de valencianos. Es decir, nada que nos alivie la angustia económica que vivimos, nada que genere esperanza para la ciudadanía.

No sería descabellado pensar que a la famosa frase aquella de "Vaya hostia!", le siguió otra mucho menos democrática y sí muy fascistoide: "Se van a enterar..."

Prohibir y dividir

Escrito por informaValencia1 20-10-2015 en A LA CONTRA. Comentarios (0)

Manuel Huerta/A LA CONTRA

El borrador del programa del PSOE que se aprobará a mediados de noviembre, apunta que el Gobierno deberá promover “las reformas del marco legal actual necesarias, así como los acuerdos internacionales para promover una escuela pública laica donde no quepa la integración, ni en el curriculum, ni el horario escolar de enseñanzas confesionales”.

De llegar a gobernar los socialistas, la Religión dejaría de darse en clase en España y no sería evaluada como asignatura para calcular la nota media, para obtener becas o acceder a la universidad.  De esta manera, el PSOE quiere acabar con el "Concordato" (que no es tal) que España tiene con el Vaticano. Prohibir y de paso, dividir a los españoles. Supera con mucho a Zapatero con la Ley de Memoria Histórica y sus 7 años de Gobierno.

Los acuerdos Iglesia-Estado que contemplan la enseñanza de Religión, son plenamente constitucionales y han mostrado su vigencia y eficacia en todo este tramo democrático de integración del hecho religioso católico y cumpliendo la Constitución. Y desde luego es propio de un estado democrático entrar en esta regulación, sobre todo con una religión que es mayoritaria y que de forma tan decisiva ha conformado la manera de ser de nuestro pueblo, de la historia de una nación que lo es gracias a ella.

Sánchez, desesperado por lo que puede ser una efímera carrera política si no consigue gobernar a partir del 20D, busca notoriedad en el arranque de la precampaña electoral, y para ello anuncia que eliminará la asignatura de Religión de la escuela. Una mala copia de su electo predecesor de partido en La Moncloa.

Este demagogo profesional lleva meses insistiendo en la necesidad del diálogo y del pacto para conseguir una mejor enseñanza en España. El diálogo supone estar atento a lo que sucede, escuchar en este caso lo que los padres y los profesores dicen. Y en España hay un 65 por ciento de padres que solicitan todos los años enseñanza de Religión para sus hijos. Su propuesta pues, se hace en contra de lo que una inmensa mayoría de ciudadanos solicita.

Claro que en este momento los partidos buscan propuestas de impacto. Pero a estas alturas de hartazgo social con la clase política en general, resulta sumamente impertinente que ese impacto se intente lograr alimentando una polarización en torno a la cuestión religiosa que no existe en la sociedad.

El fin vuelve a ser la división de los españoles. El PSOE crea un conflicto artificial recurriendo a prejuicios. No es una anomalía que en una sociedad plural lo religioso esté presente en la vida pública. Cuando los padres demandan la enseñanza de la religión no están reclamando un privilegio sino un derecho fundamental que la propia Constitución les reconoce.

La enseñanza de la religión católica, como de cualquier credo o visión del mundo que se exprese dentro de los cauces constitucionales, tiene un gran valor cívico. La democracia es más rica cuando no privatiza la identidad y las certezas de los ciudadanos.

@quart5