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Antidisturbios alborotadores

Jose Segura/LO QUE HAY

Cuesta vislumbrar a qué santo tenía el Ayuntamiento de Madrid unidades antidisturbios en su policía local. Pero, que ante su lógica disolución, los integrantes de esas unidades persiguieran e insultaran a su propio jefe y al concejal del ramo, parece un sinsentido, como el mundo al revés.

Ya en principio, las llamadas Unidades Centrales de Seguridad (UCS), creadas en principio por Ruiz-Gallardón en su etapa de alcalde de Madrid, carecían completamente de razón de ser. Sobre todo si observamos sus actuaciones con la perspectiva de hoy día, en la que no es admisible que un ente municipal cargue contra sus propios ciudadanos.

Además, debemos tener en cuenta que las concentraciones de protesta, manifestaciones u otras muestras públicas de desagrado deben ser previamente comunicadas a la delegación del gobierno, que en caso de vandalismo cuenta con sus propias unidades antidisturbios en la Policía Nacional. Esta última relación, que parece más coherente, anula por pura lógica la necesidad de unidades similares en las policías locales. Máxime porque donde hacen falta realmente estos agentes municipales es patrullando las calles o ayudando a los vecinos con su presencia permanente en los barrios.

Supongo que criterios similares a los que expongo debieron ser los esgrimidos por el concejal de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid, José Javier Barbero, al anunciar la disolución de sus innecesarias UCS, eso sí manteniendo empleo y sueldo a los antiguos integrantes y planteándoles nuevos destinos en la capital.

A partir de ahí, se hace muy difícilmente admisible que esos agentes –jaleados por compañeros de otras unidades- rodearan y persiguieran en la calle al concejal y al propio jefe de la Policía Local de Madrid. Inasumible porque no se trató de una legítima manifestación, sino de una persecución amenazante en toda regla.

Tampoco parece razonable que en esa persecución se esgrimieran banderas nacionales que no venían a cuento en el escrache, al igual que me parecen impresentables los insultos al concejal, con improperios como el folclórico “hijo de puta”, el vejatorio “perroflauta” o el más peligroso y antidemocrático “rojo de mierda”.

Por otro lado, resulta también sorprendente la ausencia de la Policía Nacional en el alboroto, máxime cuando dos personas –autoridades locales o no- se encontraban en peligro. Solo cuando el concejal y el jefe de la Local huyeron hacia la Puerta del Sol, hicieron acto de presencia para protegerlos hasta que se encontraran seguros. Ausencia que se completó con la perla del día del ministro del Interior Fernández Díaz: “Esas cosas pasan”. Más vale que rece para que no le pasen a él.

Con hechos como este, se hace evidente que en España no ha calado suficientemente la democracia, al igual que la izquierda real sigue siendo perseguida y vilipendiada a la más mínima. Mientras, la ultraderecha sigue campando a sus anchas, como los fascistas que acaban de ser puestos en libertad sin cargos por un juez, a sabiendas de que tenían armas en su poder.

Aún queda una ardua tarea para cicatrizar a una España tan profundamente herida que es incapaz de convivir pacíficamente, al igual que no parece la ciudadanía suficientemente preparada para aceptar cívicamente a todas y cada una de las ideologías legítimas.

Por cierto, el concejal madrileño que fue atacado ayer por sus propios policías, tuvo que refugiarse y huir, finalmente, en el vehículo oficial que tantas veces han denostado sus compañeros políticos. Qué país.

Twitter: @jsegurasuarez

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